El artista ciudadrealeño afincado en Sevilla afronta nuevos retos internacionales en Mónaco y París después de una trayectoria de 25 años marcada por la evolución, la búsqueda de un lenguaje propio y la proyección de la devoción cofrade más allá de nuestras fronteras
Hay artistas que encuentran pronto un camino y otros que necesitan recorrerlo para descubrir hasta dónde pueden llegar. Luis Fernando Ramírez Mata pertenece a este segundo grupo. Su trayectoria artística se ha construido durante veinticinco años a partir de una evolución constante que le ha llevado desde la imaginería religiosa hasta una pintura contemporánea de enorme personalidad, sin romper nunca el vínculo con las raíces que marcaron sus primeros pasos.
Nacido en Ciudad Real y establecido en Sevilla desde hace más de dos décadas, Ramírez Mata ha conseguido convertir esa convivencia entre tradición y contemporaneidad en una de las principales señas de identidad de su obra. Ahora afronta uno de los momentos más destacados de su carrera con presencia en dos importantes citas internacionales: la Monaco Art Fair y el Carrousel du Louvre de París.
Una carrera que no ha dejado de crecer
La historia artística de Ramírez Mata está estrechamente ligada a Sevilla. Su formación comenzó en el ámbito de la imaginería religiosa y continuó en la Facultad de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, después de haber sido discípulo del reconocido imaginero Antonio Joaquín Dubé de Luque.
Pero su carrera no quedó limitada a la escultura sacra.
La pintura fue adquiriendo cada vez mayor protagonismo y le permitió ampliar las posibilidades expresivas de una obra que conserva el componente emocional del arte religioso, pero que incorpora recursos propios de la creación contemporánea.
Ese proceso ha dado lugar a una producción reconocible por su fuerza cromática, expresividad y capacidad para reinterpretar imágenes profundamente arraigadas en la memoria colectiva. Su propia trayectoria muestra cómo una formación vinculada a la tradición puede convertirse también en punto de partida para explorar nuevos territorios.
La Semana Santa como punto de partida, no como frontera
Una de las grandes virtudes de Ramírez Mata ha sido precisamente no entender el arte sacro como un límite.
Sus pinturas dedicadas a las grandes devociones sevillanas han permitido que imágenes como la Esperanza de Triana, la Esperanza Macarena, la Virgen del Rocío o el Cristo de la Hiniesta aparezcan en contextos artísticos alejados de los habituales circuitos cofrades.
Y ahí reside buena parte del valor de su propuesta: no abandona la identidad de las imágenes para hacerlas contemporáneas, sino que utiliza la pintura contemporánea para llevar esa identidad a nuevos públicos.
Su obra dedicada a la Esperanza de Triana, por ejemplo, ya pudo verse en Venecia dentro de la Biennale d’Arte y anteriormente había sido proyectada en las pantallas de Times Square de Nueva York.
La presencia internacional no ha sido, por tanto, un episodio aislado, sino el resultado de una trayectoria que progresivamente ha ido ampliando sus escenarios.
Nueva York, Venecia, Londres… y ahora Mónaco y París
El recorrido resulta especialmente significativo.
En los últimos años, Ramírez Mata ha llevado su obra a Nueva York, Venecia y Londres, combinando propuestas de temática cofrade con otras creaciones pertenecientes a su vertiente más contemporánea. En Londres, por ejemplo, presentó la obra Estrella Sublime, inspirada en la Virgen de la Hiniesta, dentro de la exposición internacional Visions.
Ahora llegan dos nuevos destinos de especial relevancia.
Del 11 al 13 de septiembre de 2026, una obra dedicada a la Esperanza de Triana formará parte de la Monaco Art Fair 2026. El cuadro, titulado Triana, fue realizado en 2023 mediante una técnica mixta de óleo y acrílico sobre tabla y mide 100 × 100 centímetros. La pieza será presentada dentro del programa internacional de Monat Gallery.
Y el siguiente gran escenario será París. El 23 de octubre, Ramírez Mata participará en una exposición internacional de arte contemporáneo en el Carrousel du Louvre, otro escaparate de enorme proyección dentro del circuito artístico internacional.
Un lenguaje propio para mirar la tradición de otra manera
La obra de Ramírez Mata resulta especialmente interesante cuando se observa desde esa evolución.
Sus raíces están en la imaginería y en la cultura visual de las cofradías, pero su pintura ha ido incorporando una estética mucho más libre. El color tiene un papel fundamental y las figuras adquieren una presencia que, en ocasiones, se acerca a la estética del cartel, el expresionismo o determinados códigos del arte pop.
No se trata simplemente de cambiar una paleta tradicional por otra más atrevida. Existe una búsqueda consciente de transformar una imagen conocida sin hacerla perder su capacidad de emocionar.
Ese equilibrio entre reconocimiento y renovación es precisamente uno de los elementos que hacen que su obra resulte fácilmente identificable.
Veinticinco años de camino recorrido
Este nuevo momento internacional coincide además con una fecha especialmente significativa: Ramírez Mata cumple 25 años de trayectoria artística.
Un cuarto de siglo permite mirar atrás y comprobar que detrás de los grandes escaparates internacionales existe un proceso mucho más largo: formación, trabajo, exposiciones, búsqueda artística y, sobre todo, una evolución que le ha permitido construir una identidad propia.
La proyección alcanzada en Nueva York, Venecia, Londres, Mónaco o París adquiere así un significado diferente. No son únicamente destinos en los que mostrar una pintura. Son también la consecuencia visible de una carrera que ha conseguido hacer dialogar el universo cofrade con el arte contemporáneo internacional.
Sevilla como raíz de una obra que ya mira al mundo
Hay además una circunstancia especialmente significativa.
Ramírez Mata nació en Ciudad Real, pero Sevilla forma parte esencial de su trayectoria. La ciudad en la que se estableció hace más de veinte años se convirtió en el escenario desde el que desarrolló buena parte de su producción y en una fuente constante de inspiración.
Por eso, cuando una pintura suya dedicada a una devoción sevillana aparece en Mónaco o cuando sus obras alcanzan Nueva York, Venecia, Londres o París, también hay una parte de Sevilla que viaja con ellas.
Y ese quizá sea uno de los mayores logros de su carrera: haber conseguido que el lenguaje de nuestras devociones pueda ser contemplado en escenarios internacionales sin perder su identidad.
Un artista que todavía tiene mucho camino por delante
A sus 25 años de trayectoria, Ramírez Mata parece encontrarse más cerca de una nueva etapa que de un punto final.
La participación en Mónaco y París representa un reconocimiento al camino recorrido, pero también una oportunidad para seguir ampliando horizontes. Su obra ya ha demostrado que puede moverse entre la tradición, el arte sacro y la creación contemporánea sin quedar encasillada en ninguno de esos territorios.
Desde Sevilla, su pintura continúa abriendo caminos.
Y mientras sus obras siguen cruzando fronteras, las raíces permanecen intactas: la imaginería, las devociones, el color, la emoción y esa Semana Santa que estuvo en el origen de un artista que hoy consigue llevar su particular manera de entender el arte hasta algunas de las grandes vitrinas internacionales.
